Francisco Mora: Todo lo que hacemos en la vida puede repercutir en nuestros genes

31 12 2009

El ser humano es espejo y creador de todo lo que le rodea, incluido él mismo.Francisco Mora. Foto: RTVE, Blog Asuntos Propios

El ser humano es espejo y creador de todo lo que le rodea, incluido él mismo, porque podemos orientar la información de su aprendizaje y de la memoria en la dirección que, de alguna manera, nos gustaría que llevara, declara en la siguiente entrevista el neurólogo Francisco Mora. También señala que muchas cosas de las que hacemos en nuestras vidas pueden repercutir potencialmente en nuestra herencia genética, si bien de forma reversible. Asimismo declara que ee puede envejecer de manera activa, productiva, llena de emoción y saludable porque el proceso de envejecimiento se puede retrasar. Por Rafael Cordero Avilés.

Francisco Mora es doctor en Medicina por la Universidad de Granada y en Neurociencias por Universidad de Oxford, catedrático de Fisiología Humana de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, y de Fisiología Molecular y Biofísica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Iowa, en Estados Unidos. Ha escrito más de cuatrocientos trabajos y comunicaciones científicas en el campo de la neurobiología y cincuenta libros, entre ellos, el Diccionario de Neurociencia y Neurocultura.

¿En este momento, qué sabemos del cerebro? ¿Y qué nos queda por saber?

Lo que sabemos del cerebro es lo que yo he querido expresar en el libro ¿Cómo funciona el cerebro? La gente, de alguna manera, todavía sigue hablando del cerebro como un computador. Es decir, una máquina que recibe información, la procesa, y la almacena o no, en función de la respuesta que va a emitir. La cuestión está en que los ordenadores son máquinas construidas por el hombre. Yo no quiero llamar ‘máquina’ al cerebro humano, porque el concepto de máquina es absolutamente diferente y, cuando utilizas el mismo término, inmediatamente se le une ese concepto, lo que es erróneo. El cerebro es un órgano que se ha construido a lo largo de quinientos millones de años de azar y reajustes, y no una máquina como las que el hombre ha construido a lo largo de los últimos cincuenta años. ¿Cuál es la esencia de esa distinción? La esencia es el constante dialogo que existe entre cada uno de los componentes de ese cerebro, es decir, las neuronas. Cada neurona se comunica con otras, en un proceso constante y enorme de tráfico. Se trata de un proceso complejo que no puede realizar ningún ordenador. El cerebro contiene unos cien mil millones de neuronas, sin contar otras células importantes en la comunicación, como son los astrocitos. Esos cien mil millones están en constante ‘conversación’. Lee el resto de esta entrada »





La ciencia, cada vez más cerca de descifrar los secretos de la ‘eterna juventud’ celular

4 10 2009

Una molécula conocida como espermidina es la responsable de prolongar significativamente la vida útil de las células.

Una de las claves del envejecimiento en mamíferos es la reducción del porcentaje de esta molécula esencial para los organismos.

Un estudio publicado por la revista ‘Nature’ explica cómo la espermidina frena la hasta ahora imparable necrosis celular.

La ciencia, cada vez más cerca de descifrar los secretos de la 'eterna juventud' celular  (Imagen: ARCHIVO)

El envejecimiento de los mamíferos está determinado por los diversos cambios bioquímicos que se producen en sus células. (Imagen: ARCHIVO)

Una molécula llamada espermidina podría ser la solución para alcanzar la anhelada ‘eterna juventud’ celular, según un estudio elaborado por un conjunto de científicos austríacos. 

El estudio, que publica este domingo la revista británica Nature, asegura que los experimentos científicos llevados a cabo hasta el momento con moscas, gusanos y levadura muestran que la administración de esta molécula prácticamente desconocida para la población es capaz de prolongar significativamente la vida útil de determinadas células.

La ciencia no había concretado hasta ahora si la espermidina era la causa o el efecto de ese envejecimientoEl envejecimiento de los mamíferos está determinado por los diversos cambios bioquímicos que se producen en sus células, y uno de ellos es lareducción de la espermidina, que se encarga en las etapas tempranas de la vida de favorecer el crecimiento y la maduración celular. 

Sin embargo, a pesar de esa evidencia, la comunidad científica no había concretado hasta ahora si la espermidina era la causa o el efecto de ese envejecimiento. El reciente estudio disipa esta duda y explica que esta molécula es capaz de reparar el proceso natural de deterioro y necrosis celular ayudando a éstas a eliminar los residuos peligrosos que se van generando e instalando con el paso del tiempo en el corazón de la célula.

Fuente: 20Minutos. La ciencia, cada vez más cerca de descifrar los secretos de la ‘eterna juventud’ celular





El alma designa el rasgo esencial de la vida

13 07 2009
Edición original de la obra de Laura Bossi.

Storia Naturale..

La historia natural del alma según la neuróloga Laura Bossi.

El “alma” es un concepto que distingue lo vivo (lo animado) de lo inanimado. La neuróloga Laura Bossi recorre las tradiciones míticas, las tradiciones zoológicas, las implicaciones para el árbol de la evolución, el alma humana, las diferencias con los primates, la esencia de lo que podríamos llamar el “alma” y las reflexiones actuales a partir de la neurología y las teorías de la mente. Bossi describe las difíciles relaciones tanto en nuestro interior como en las sociedades humanas, entre nuestra “alma vital” y nuestra “alma pensante”, en el zoé y el bios, según la distinción aristotélica, entre nuestra vida desnuda de animal humano y esa vida “buena” y digna del ser consciente y libre que podemos llegar a ser, que tanto moralistas como juristas y teólogos han intentado imaginar y transmitirnos. Para la autora, repensar el “alma” supone, en el fondo radical, la defensa del ser humano. Por Leandro Sequeiros.

En los albores del tercer milenio, el alma ha sido olvidada. Los poetas y los artistas, en una curiosa sustitución, ya sólo se interesan por su doble, el cuerpo, el soma, que antaño significó el cuerpo “inanimado”, sin vida, el cadáver (en inglés, corpse). Los filósofos parecen pensar que se trata de un tema que ya es historia, apenas útil para las antologías. En cuanto a los psicoanalistas, ya no se atreven ni siquiera a nombrar el objeto de sus estudios. Incluso los teólogos parecen hoy molestos ante esta palabra, tal vez por miedo a ser tomados por dualistas anticuados, o por simple fatiga ante siglos de controversia. 

Así se inicia un interesante y provocador ensayo que nos llega traducido del italiano y cuya autora es la neuróloga milanesa Laura Bossi: Historia Natural del Alma. [A. Machado Libros, Madrid, 2008, Colección La Balsa de la Medusa, nº 164, 521 páginas]. 

Los teólogos hoy, en lugar de “alma”, prefieren el término “persona” (máscara de teatro, personaje), cuyo significado teológico, opuesto a la naturaleza y relacionado con las hipóstasis divinas, escapa al profano, más familiarizado con su significado jurídico, de origen estoico, de ciudadano responsable que desempeña un papel en la polis. El alma también está ausente de los escritos modernos y diccionarios de teología cristiana, según apuntaba Joseph Ratzinger en 1979, e incluso en la liturgia católica en torno a los muertos. 

Eclipse del alma

Una desaparición tan singular –opina Bossi – apela a la reflexión. Una palabra tan antigua, ¿no se habrá “desgastado” a fuerza de significar demasiado? ¿Podemos relegarla definitivamente al desván de las ideas obsoletas? ¿Podemos proscribirla, en nombre de la razón, de la claridad de pensamiento, como proponía Paul Valéry: “Nunca hagáis uso de palabras que no utilizáis para pensar”? 
Sin duda, el alma es algo difícil de captar. Es un concepto osado y vagamente monstruoso, pues reúne, como la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, las tres preguntas fundamentales del ser humano: vida, muerte y conciencia. 

La muerte (desaparición mágica, inaceptable caída en la nada, “creación al revés”), como el amor, siempre es joven. Su extrañeza se renueva a cada generación humana. ¿Cómo explicar la diferencia, sin embargo, evidente a los ojos de un niño, entre un ser humano y un cadáver, entre un perro muerto y un perro vivo?

En el otro extremo de la existencia, e igualmente extraña, hallamos la vida, que surge del mundo inanimado y se extiende mediante generación, nacimiento y desarrollo de nuevos seres. Extrañeza igualmente inquietante, la de los seres vivos en todas sus formas: extrañeza de la naturaleza. “Nacer” procede de naceré, igual que “naturaleza” que es vida, engendramiento (como en griego, Phycis), tanto potencia de engendramiento como lo que es engendrado. Los animales son los “animados”. Y en el origen de “vegetal” encontramos vegetus que no significa inerte, sino, al contrario, indica fuerza y crecimiento. 

Extrañeza, en fin, de la conciencia, “lo que en cada uno de nosotros es uno mismo”, según Platón, pero que, ya lo sabemos, no es completamente ama y señora en su propia casa, pues mantiene relaciones complejas, a veces conflictivas, con un cuerpo que se desarrolla, engendra, envejece, enferma y acaba muriendo sin pedirle permiso, dotado de órganos que parecen contar con una voluntad autónoma. 

El alma es la vida

Para Laura Bossi, el alma es la vida, lo que distingue lo vivo, lo “animado”, del mundo “inanimado” (que nunca ha estado vivo) o de los muertos, quienes tras haber vivido, han “rendido su alma”. Pero también es la conciencia, el pensamiento claro, la “mente” de la que cobramos conciencia mediante introspección, a diferencia de la vida oscura de los órganos. En fin, el alma es el ser humano, en lo que tiene de único, de individual, es lo que le aporta un sitio singular en el mundo de la naturaleza, y le hace por lo tanto esperar una vida después de la muerte. 

Esto lleva a la autora a proponer una primera hipótesis: el alma es un concepto sorprendente y maravilloso que encarna de alguna manera las cuestiones primeras que cada uno se plantea o puede plantearse. Preguntas infantiles, no por ingenuas sino porque surgen en la infancia: ¿de dónde vengo? ¿por qué he de morir? ¿qué es lo que pasa en mi interior? ¿cuál es mi lugar en este mundo poblado de tantas criaturas incomprensibles? 

¿El abandono del alma se debe acaso a un desinterés actual por estas viejas preguntas? Si observamos con un poco de atención, no es para nada el caso. 

No está de moda hablar del alma, pero…

Ya no se habla del alma, pero numerosas especialidades médicas nuevas se disputan los “restos dispersos” de esta palabra que no se quiere nombrar. Los biólogos trabajan sobre la vida. Los seguidores de las neurociencias estudian la conciencia y sus relaciones con el cuerpo (el problema mente-cuerpo ). Los médicos dedicados a la “reanimación” intentan definir el instante preciso del paso de la vida a la muerte. Los bioéticos se preguntan por el estatuto del embrión. Los científicos se dedican a construir criaturas dotadas de actividades vitales o de inteligencia artificial. Los juristas intentan establecer normas sobre la persona y las espinosas cuestiones suscitadas por la manipulación genética, los trasplantes de órganos, la clonación y las técnicas de fecundación artificial. 

En estos científicos encontramos las controversias, vivas y apasionadas, sobre la naturaleza del alma iniciadas por los griegos, entre materialistas y espiritualistas, monistas y dualistas, defensores de un “alma” mortal o inmortal, única o compuesta de diversas facultades, difusa o localizada en un lugar anatómico concreto. A este último aspecto las respuestas suelen coincidir en que el lugar del alma por excelencia sigue siendo, desde hace dos milenios, el cerebro, la ciudadela del pensamiento. Plinio el Viejo ya definía el cerebro como el “pináculo”, la “sede del gobierno del espíritu”, el “regulador del entendimiento”, la “ciudadela de los sentidos”. 
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